Luego del almuerzo, tal como se había convenido, los dos esposos Alvarez se pusieron a mirar las revistas compradas desde las cuales una multitud de jóvenes pelilargos con la cara maquillada de blanco y negro cual émulos de El Cuervo parecían contemplarlos de manera muy poco amistosa. Lucy, sentada frente a la computadora, se había encomendado a sí misma la tarea de profundizar en la investigación, buscando en Internet datos útiles.
-Acá hay algo sobre las actividades de la Black Metal Mafia-comentó-. Parece que ese nombre se lo puso la prensa; el nombre original era Inner Circle. Todo el artículo habla en tiempo pasado, así que parece que no existe más. Veintidós iglesias quemadas; algunas de ellas eran de la Edad Media. En uno de los incendios murió un bombero. Trataban de obligar a las bandas de black metal a jurar fidelidad a Satanás. También profanaron cementerios. Buscaban desterrar de Noruega al cristianismo... Los que conocían al líder decían que era "ególatra, envidioso y ambicioso". Desfiguró la cara de dos personas que molestaron a su novia y parece que también envenenó a un polaco. Era dueño de una disquería, Helvete, muy frecuentada "por jóvenes fanáticos del black metal, interesados por el satanismo y por la personalidad perturbada" de Euronymous... Así le decían al líder... El once de agosto de mil novecientos noventa y tres, Euronymous fue muerto de veintitrés puñaladas por otro miembro del Inner Circle, al que se atribuyó también la quema de varias iglesias, siendo condenado a veintiún años de prisión. Con muchos de sus integrantes presos o investigados, el Inner Circle acabó disolviéndose. Las pesquisas policiales relacionadas con el asesinato permitieron solucionar varios casos pendientes de quema de iglesias. También se descubrió un homicidio anterior, de un homosexual en este caso, cometido por otro integrante del Inner Circle.
El señor Alvarez, que se había puesto los anteojos para leer, se los sacó para limpiarlos, y asintió, sonriendo sarcásticamente.
-Buena gente todos ellos-comentó; y añadió, volviéndose hacia su sufrida esposa-. Querida, muy buena idea la tuya, ¿eh? Todo esto es precisamente lo justo que necesito para tener mejor opinión de la horda de dementes melenudos que ensayan acá al lado.
-Querido, no podés comparar todo eso que dice Lucy con una pared llena de graffittis-señaló su esposa, escueta y molesta, sin despegar los ojos de la revista que estaba hojeando.
A lo mejor con una pared llena de graffittis no, pero el siniestro Cancerbero que, en el corazón de todo padre, vigila que ningún osado varón merodee en el entorno de sus hijas, ladraba muy fuerte en el de Alvarez, con unas ganas locas de morder a los cinco melenudos que habían mirado así a Lucy. Volvió a calzarse los anteojos ya limpios, y luego de unos segundos de observar las horrendas caras que, desde las páginas de Vampire, parecían a su vez contemplarlo a él, se preguntó si no sería una excelente idea ensuciarlos de nuevo.
Al parecer Lucy, puesta en un improvisado rol docente, consideraba que la educación a la antigua era sumamente aburrida, y que debía complementarse con las más modernas técnicas audiovisuales. Así que, pare desgracia de sus dos progenitores, se comedió a la tarea de buscar material de grupos de black metal, y pronto el ambiente se llenó de tal batifondo, que los vecinos debieron pensar que acababa de estallar la Tercera Guerra Mundial.
-¡Mi madre!... ¡Bajá el volumen de ese aparato, hija, que estás abriendo grietas en las paredes de toda la casa!-exclamó el señor Alvarez-. ¿Puede saberse qué cuernos es eso?
-Mayhem, la banda del tal Euronymous-contestó Lucy. Hubo un momentáneo silencio, tras lo cual empezó de nuevo a sonar el pandemónium por dos o tres minutos; luego, otra vez un silencio, seguido por una tercera andanada de ruido.
El señor Alvarez se hartó.
-¡Por Dios, Lucy!-exclamó-. Lo más ruidoso a lo que mis oídos están habituados es Supertramp y Electric Light Orchestra. Por lo menos poné otro tema y, preferentemente, otra banda.
-Pero papá, ¡es lo que estoy haciendo!... Primero Mayhem, después Emperor, ahora Marduk.
El señor Alvarez se quedó petrificado de espanto.
-Pe... Pe...Pero... ¡No puede ser!-gimió-. ¡Si sonaban exactamente iguales!
-¿Y qué querés que le haga?-se defendió Lucy.
La señora Alvarez se puso de pie.
-Ya vengo-dijo-. Ahora me acordé que María Julia me pidió que le mandara un mensaje cuando estuviera en casa, porque me quería llamar desde su celular para comentarme no sé qué cosa. Me voy a la otra pieza para no molestarlos.
-¿Y quién dijo que molestás? Al contrario. Excelente pretexto para apagar esa cosa y dar un respiro a mis oídos-replicó el señor Alvarez.
Pero su mujer no debió oírlo, porque se pasó, tal como había dicho, a la habitación contigua, en el preciso instante en que Lucy buscaba otra banda por Internet. En el momento en que sonaban los primeros acordes, se puso de pie también ella.
-Ya vengo. Voy al baño.
También en ese instante, afuera estacionó cierto auto. Fede, guitarra líder de Supremacía Satánica, se bajó del vehículo en cuestión, rumiando maldiciones contra sí mismo, contra Dios y contra absolutamente todo el mundo por siempre tener que retornar cual búmerang a la sala de ensayo para buscar algo. En el momento en que se bajaba del auto, su bien entrenado oído reconoció una música que le era muy familiar.
Craddle of Filth, pensó, reconociendo a la banda. Pero ¿quién lo está escuchando? Fede se dejó guiar por su sentido auditivo, y cuál sería su sorpresa al advertir que venía de la casa vecina, la que tenía quiosco: el hogar de los chupacirios con los que él y sus compañeros de banda habían tenido problemas. No puede ser, reflexionó; y a hurtadillas se acercó a la ventana que daba al living de la casa en cuestión, y vio cierta figura masculina, de nariz prominente, que tenía anteojos puestos y leía una revista mientras escuchaba Craddle of Filth.
Al rato, sonó el timbre del quiosco. El señor Alvarez se quitó los anteojos y fue a atender. ¿Qué hace éste acá?, pensó, reconociendo a uno de los de Supremacía Satánica. Los cinco monstruos melenudos sólo una vez se habían acercado al quiosco de Alvarez, y sólo para comprar velas negras para uno de sus diabólicos rituales. Huelga decir que no las hallaron y debieron irse con las manos vacías. Por lo demás, la horrorosa troupe prefería recorrer diez kilómetros en busca de otro quiosco para conseguir incluso sólo un caramelo, antes que comprarle a él, tan caldeados estaban los ánimos.
De cualquier manera, había que intentar ser amable, en primer lugar porque así lo mandaba Cristo Jesús, y en segundo lugar por ética comercial. Aunque barruntaba Alvarez que aquel muchacho venía a querellar.
-Buenas tardes. ¿Qué necesitás?
-Buenas tardes. Esteeee... ¿Qué alfajor barato tiene? ¿Cuánto sale?-preguntó Fede.
El señor Alvarez respondió ambas preguntas, Fede hizo su pedido y cierto dinero cambió de manos, pero lo que llamó la atención del quiosquero fue la mirada anodina que todo el tiempo ostentó el joven, que en ningún momento dejó de mirarlo como a un bicho raro. Este está drogado, pensó el señor Alvarez, lapidario.
Momentos después, Fede, encerrado en la sala de ensayo, efectuaba cierta llamada telefónica:
-Hola, ¿Cristian? No me vas a creer-dijo, excitado-. Tuve que venir a la sala de ensayo. ¿A que no adivinás a quién encontré escuchando Craddle of Filth?... Al viejo guardabosque. ¿Cómo cuál, idiota?... ¡Flanders! ¡El chupacirios! ¡No, en serio, te juro!... Se ve que lo hace a escondidas de la mujer y la hija, porque después llamé al quiosco para investigar y compré un alfajor, y me atendió él. Así que está solo. ¡Posta, loco! ¡No, no me fumé ningún porro, pedazo de nabo!... ¡Vení a verlo vos mismo, si no me crees! Yo ahora me voy, vine solamente a buscar mis documentos, que me dejé olvidados anoche.
Al poco tiempo, Fede se retiraba en su auto. Mientras tanto, lo mismo Lucy que la señora de Alvarez habían retornado a sus puestos. Lucy proseguía con su labor docente autoimpuesta.
-Y esto es Dimmu Borgir-informó, pasando a otro tema que al señor Alvarez, por supuesto, le sonó exactamente igual que todos los anteriores.
-¿No podríamos prescindir de este suplicio? Podría prometer amar a esos cinco de aquí a la eternidad, con tal de no seguir con esto. Esos ositos panda aúllan y gruñen al compás de ese batifondo, y yo sólo puedo sufrir en silencio-se quejó el señor Alvarez.
-Uia-murmuró Lucy; y se volvió hacia su padre, perpleja-. ¡Encontré una banda de black metal cristiano! ¡Se llama Antestor!
-Lo que faltaba. Los ositos panda se colaron entre nosotros-suspiró Alvarez.
-Acá dice-informó Lucy- que Euronymous, de Mayhem, dijo de este grupo: Los guerreros del black metal noruego forzaremos a esta banda a separarse, a deshacerse.
-Brillante idea. Bravo por Euronymous. Y acto seguido, que hagan lo mismo con todas las demás, por favor.
-Aquí dice que la banda recibió serias amenazas por ser cristiana-Lucy sonrió, orgullosa de aquellos lejanos hermanos en la fe que no se habían dejado intimidar-. ¡Ay, yo quiero escucharlos!...
-Sonamos-gruñó el señor Alvarez.
No hubo caso de hacerla desistir. Lucy buscó en Internet hasta hallar un tema de Antestor, Via Dolorosa, que empezó a sonar en el ambiente. En ese momento, afuera, llegó en bicicleta el vocalista y primera guitarra de Supremacía Satánica, paradójicamente llamado Cristian, pero mejor conocido como Morgoth. Se detuvo en el frente de la casa de los Alvarez, y paró la oreja.
Este Fede no es más estúpido porque no puede, pensó. Esto no es Craddle of Filth; son esos payasos de Antestor que dicen hacer black cristiano, cosa que no existe, pero que se ve que a estos chupacirios les encanta, con tal de que tenga que ver con Cristo. Cuántos porros debe haberse fumado Fede para confundir una banda con la otra, es lo que no sé. Pero de repente se le ocurrió que era difícil que Fede se confundiera tanto, por muy drogado que estuviera.
El timbre sonó en lo de los Alvarez, pero esta vez no en el quiosco, sino en la propia casa.
-¿Y ahora qué?-se preguntó el señor Alvarez, intrigado. Abrió la puerta y ante su gran asombro, allí estaba nada menos que el líder de los monstruos melenudos-. ¡Lucy, bajá el volumen de esa porquería!-exclamó, volviéndose hacia su hija-. ¿Qué necesitás?
-Eh... Esteeeee... ¿Mi compañero está todavía en la sala de ensayo?-preguntó Cristian, tomando nota de que al menos la hija del supremo chupacirios estaba presente.
-¿Pero cómo querés que lo sepa?-Alvarez casi gritó. ¿Qué le sucedía esa tarde a la horda melenuda, que estaban todos mucho más tarados que de costumbre?-. ¿Qué te parece si llamás y te fijás?
-Eh, buena idea, eso es lo que voy a hacer-contestó Cristian, sintiéndose tonto, y pensando: Este escucha Craddle of Filth a escondidas de la esposa y la hija. Cuando están ellas, tiene que oír Antestor, pero se ve que la paciencia se le está acabando.
Tras cerrar la puerta, el señor Alvarez volvió a desplomarse sobre el sillón.
-Y esta banda, también cristiana, es Deborah-observó Lucy, tras hallar otro tema de black metal en la computadora-. Son todas chicas.
-¿Débora?-el señor Alvarez puso cara de duda-. No será tu amiga, ¿no?
-No. Pero no sería mala idea, a lo mejor, ponerla de novia con alguno de estos chicos, si de verdad no resultaran tan malos.
-Lucy, ¡por Dios!... Lo que le faltaba a la pobre Débora para terminar de rayarse.
-¿Por qué? ¿Qué novio puede ser peor que Fabio, que está enamorado sólo de sí mismo?
-Miles, y algunos los tenemos acá al lado. Lucy, ¿no estuvieron ya bastante martirizados mis oídos por hoy?
-Bueno, bueno-accedió Lucy, procediendo a apagar la computadora-. Papi, vos que sabés, ¿cómo se llamaba ese libro tan famoso, que recopilaba historias de gente que volvió de la muerte?
-Hay varios, pero supongo que te referís a Vida después de la vida, de Raymond Moody hijo.
-¡Sí, sí: ése!... ¿Dónde lo podría conseguir?
-Ni idea. ¿Por qué?
-No, como justo salió el tema de Débora, me acordé que se me había ocurrido regalarle ese libro para que vea que es cierto que hay un Paraíso y para que, en fin, se convierta al crfistianismo.
El señor Alvarez meneó la cabeza.
-Hija, el que cree no necesita de esas cosas, y el que no cree, no va a creer por leer un libro así. Para empezar, el que no tiene fe en Cristo, tampoco va a tenerla en un libro como ése, que siempre puede estar diciendo mentiras, después de todo.
-Yo no creo que sean mentiras. Además, Débora tiende a creer en cualquier cosa rara que se presente como ciencia. Por lo menos, le pasa eso con la astrología.
-Sí, pero la religión no es astrología. Por otra parte, no creo que el autor de ese libro esté mintiendo, pero los casos que él recopiló no prueban nada. En La serpiente y el arco iris, el etnobotánico Wade Davis dice que la única prueba certera de muerte es la putrefacción. Es decir, que las personas que creyeron volver de la muerte tal vez podrían haber sido declaradas fallecidas por error. En el mismo libro se habla de casos de catalepsia en los cuales las personas fueron incluso sepultadas tras ser declaradas muertas y recordaban muchos detalles de sus sepelios y entierros. Y en La enciclopedia de los fantasmas, Daniel Cohen explica que muchas personas que pasaron por hechos traumáticos pero sin rozar la muerte, tuvieron vivencias muy similares a las que se narraban en Vida después de la vida.
Lucy quedó desinflada.
-Papá-murmuró-, a veces me pregunto si trabajás para Cristo o contra El.
-¿Por qué, hija?-preguntó el señor Alvarez, riendo-. Te aseguro que para El. Pero me parece que el Señor no se merece que uno se apoye en bastones poco confiables para andar por sus senderos. Además, sí creo que hay un Paraíso y, es más, puede que los casos que se exponen en Vida después de la vida sean realmente experiencias que se fue y volvió de la muerte. Sólo que no podemos estar seguros, ésa es la realidad. Así que mejor no tratar de convertir a Débora por esas vías. Porque si luego ella se entera de todo lo que te estoy diciendo, puede que se sienta engañada, y entonces ya nunca quiera creer. No hay que temerle a la ciencia, hija, no hay que temerle a la verdad. Tendrías que leer un poco más, otras cosas aparte de la Biblia. Comprendo que en esta etapa de tu vida prefieras salir y divertirte antes que encerrarte a leer, eso es natural y me parece bien, pero igual tené en cuenta que los libros no muerden.
Lucy asintió en silencio; pero, la verdad, no estaba muy segura de que los libros no mordieran o hicieran otro tipo de daño, espiritual sobre todo; no, al menos, algunas de las extrañas obras (extrañas al menos en la biblioteca de un cristiano convencido) que leía su padre. Caso de las obras sobre el cristianismo gnóstico escritas por Elaine Paigels, el Talmud judío o el polémico El Código da Vinci, de Dan Brown. Cada vez que pasaba frente a esos volúmenes, Lucy se preguntaba si no serían una amenaza para su propia fe.

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