He leído, y no me extraña porque pude comprobarlo personalmente, que algunos jóvenes argentinos no saben qué se conmemora en su país en fechas tales como el 25 de Mayo o el 9 de Julio. Esto rebasa ya la cuestión del patriotismo porque sencillamente me parece inadmisible que personas con instrucción primaria y/o secundaria ignoren algo elemental. A los diez años yo ya no era ningún patriota, y sin embargo sabía perfectamente qué había sucedido en tales fechas porque estaba harto de que me lo repitieran año tras año. Así que aquí hay un problema de los educadores o de los educandos, pero nada tiene que ver en esto el patriotismo o la falta del mismo. Lo que no quiere decir que el país esté rebosante de patriotismo; sin duda, ocurre todo lo contrario. Muchos se creen patriotas porque en los mundiales de fútbol no se pierden ningún partido de la Selección y se enardecen con sus triunfos o derrotas, pero eso tiene que ver más con la pasión deportiva que con el patriotismo. Al fin y al cabo, si es es fanático del fútbol y se vive en Argentina, tiene más lógica hinchar por Argentina que por Kiribati o Burkina Faso. Lo que no quiere decir que esos que hinchan por Argentina estén al tanto de lo que sucede en su propio país, les interese la suerte de sus compatriotas más desventurados, estén dispuestos a sacrificarse por su Patria o sientan, ante un galardón internacional recibido por un científico de su misma nacionalidad, la misma alegría que ante el triunfo de la Selección.
Empecemos por definir lo que es el patriotismo. Si no recurrimos a diccionario alguno e intentamos hacerlo con nuestras propias palabras (por otra parte, no tengo diccionarios a mano en este momento), diremos que el patriotismo es el amor a la Patria. Si luego intentamos definir la Patria, pensaríamos que es la tierra donde uno nació. Aquí empezamos a tener dificultades, porque si yo nací en un país y viví en él los primeros diez años de mi vida, pero luego emigré a otro, cabe la posibilidad de que sienta como Patria el país que me recibió luego de emigrar, no mi tierra natal. Secundariamente, hay países que son muy grandes, Argentina es uno de ellos. ¿Puede alguien que vive en Ushuaia, bien al Sur, sentir como suya a La Quiaca, amarla como parte de su Patria? Secundariamente, ¿cuáles son las razones para amar a la Patria?
Empecemos entonces por la última pregunta, en apariencia, creo yo, la más fácil de contestar. No se ama a la gente porque sí, siempre hay una razón. Podemos trazar similitudes entre las posibles razones para amar a una persona y las posibles razones para amar a la Patria. Se ama a una persona, por ejemplo, porque tiene algo que la hace especial, porque nos atrae, porque ha sido buena con nosotros. Seguramente la persona amada tendrá algo característico que la hace interesante. Se ama a los padres, pero no si éstos son violentos con los hijos a quienes deberían proteger.
Si aplicamos estas normas al amor a la Patria tendremos algunos problemas. Culturalmente y sobre todo en la Capital y el conurbano bonaerense, la Argentina perdió hace rato su identidad cultural, convirtiéndose en un producto más de la globalización. No hay en Buenos Aires nada que la identifique como ciudad argentina. El tango, dirán algunos. Discrepo. El tango es un producto porteño y citadino que identifica a Buenos Aires, no a Argentina. Admitamos que siguen existiendo las peñas y el folklore, pero se han convertido en algo marginal. Además es notable y exasperante, entre algunos folkloristas, considerar como folklore sólo a la música que ellos interpretan. Es decir, que si el folklorista X ejecuta ritmos pampeanos, mirará con desdén a la patagónica, la litoraleña, la del Altiplano, etc., y cuando a uno le mencioné que me gustaba mucho la música interpretada con arpa en el norte de la Mesopotamia argentina, observó despectivamente: ah, la música paraguaya. Pero que yo sepa, en nuestra provincia de Misiones siempre se escuchó ese tipo de música; de modo que con ese criterio, ¿por qué no ceder Misiones al Paraguay?
Abundan los letreros que anuncian que hay mercadería for sale, por dar un ejemplo, y desde hace varios años se intenta con pálido éxito imponer Halloween entre la población, una fiesta de la que si yo estuviera como turista en E.E.U.U. seguramente participaría con mucho entusiasmo, pero que aquí, en Argentina, me parece artificiosa y estúpida. Es curioso que por un lado se nos diga que tenemos que ser patriotas y por otro lado se permitan estas cosas.
Ahora bien, si buscábamos algo que caracterizara a la Argentina, una identidad que la hiciera digna de ser amada, empezamos con el pie izquierdo. Si en cambio pensamos que debemos amar a nuestra Patria porque ha sido buena con nosotros no nos irá mejor. Sin duda que en otros países se vive mucho peor, pero de todos modos tampoco es para que nos volvamos locos de alegría con el que tenemos.
Aquí alguien dirá, repitiendo palabras de no recuerdo quién: No preguntéis qué puede hacer la Patria por vosotros, sino qué podéis hacer vosotros por la Patria. A veces esto es cierto. Evidentemente, esté conforme o no con el lugar donde viva, si no puede o no quiere irse a otro lugar, uno debe intentar, según lo dicte su capacidad y su conciencia, tratar de mejorarlo, especialmente si está en vías de inminente derrumbe. Pero esto habla de un compromiso, de una necesidad o de un deber, no necesariamente de amor. Además, eso de hacer algo por la Patria tiene sus límites. Si un presidente quisiera enviar a sus ciudadanos -no a un ejército profesional, que al menos eligió esa carrera y cobra por ello- a una guerra con la excusa del patriotismo, sería interesante que, para variar, comenzara por dar él mismo el ejemplo y fuese el primero en tomar el fusil. En cuyo caso, personalmente seguiría sin muchas ganas de ir que digamos, pero creo que lo seguiría. Pero han pasado los viejos días en que Leónidas estaba al frente de sus trescientos espartanos, y Alejandro al frente de sus hombres, Ramsés a la vanguardia de los suyos y demás. Cuando los presidentes están al lado de sus tropas es sólo para sacarse una foto con ellas, como hizo Bush hijo en Irak.
Otro tema son los símbolos nacionales: banderas, escudos y demás. Los Testigos de Jehová los tienen como objetos de idolatría. Sin ser Testigo de Jehová, estoy de acuerdo en ciertos casos; pero aun así hay emblemas que son admisibles cuando menos como señal identificatoria de alguna causa o bando. De lo contrario, una bandera o estandarte no pasa de ser un vulgar pedazo de trapo. Y en el caso de la Bandera argentina, creo que ya no identifica nada, y si alguien opina lo contrario, me gustaría que aclare qué exactamente identifica. Porque los argentinos ni remotamente estamos todos en la misma causa ni en el mismo bando; cada uno de nosotros está en la suya, aunque hipócritamente digamos lo contrario. Paradójicamente, los ya mencionados mundiales de fútbol son lo único que parece unir a casi todos los argentinos, y donde más profusión de banderas argentinas pueden verse. Pero si yo estuviera equivocado y en eso consistiera el verdadero patriotismo, lejos del sentimiento elevado que tanto exaltan algunos, parece algo bien vulgar y prosaico.
Por culpa de gente como vos el país está como está, se me quejó alguien, cuando admití que de patriota tengo poco y nada. Creo que aquí entramos ya en el terreno del absurdo. Eso de que por gente como vos, el país está como está ya es figurita repetida, pero es curioso porque nadie está de acuerdo acerca de cómo es esa gente como vos. En este caso eran los no patriotas, obviamente, pero en otros casos eran los no trabajadores, los defensores o detractores de determinada causa, los apolíticos, los comprometidos con la política, etc. No importa: reduzcámoslo a la abulia patriótica. Ahora bien: ¿no hay en nuestro país ladrones, estafadores, asesinos, corruptos, violadores, falsificadores y otras dudosas buenas gentes? Y si las hay y yo nada tengo que ver con ellos, ¿cómo puede ser que por gente como yo el país esté como está? Ganas de hablar al pedo y nada más. El fulano que me dijo esto, en cierto momento en que Maradona estuvo grave, habló de la importancia de que hubiera duelo nacional si moría. Es dudoso que la muerte del célebre cardiólogo René Favaloro -ese sí un patriota, y uno que me inspira mucho respeto- lo haya conmovido en lo más mínimo, pese al bien que su Fundación hizo a tanta gente. Si él volviera a la vida y me reprochara mi nulo patriotismo, seguramente tendría razón. Los demás, mejor quédense callados, al menos hasta que puedan presentar credenciales fehacientes como las suyas.

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